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Carta de Ignacio del Valle, CEFERESO No. 1 Altiplano

Posted by poderpopular08 en 19 marzo 2010

Desde este lugar en donde nos ha tocado hacer trinchera, en la que sus muros, sus barrotes de acero, sus alambradas de cuchillas filosas y puntiagudas pretenden aniquilar nuestro espíritu que se mantiene de pie, que no se rinde, que jamás pedirá clemencia ni perdón a nadie; así le impongan lo indecible como castigo; pues a cada golpe nuestro corazón se vuelve acero y no se rompe ni se opaca, al contrario brilla más.
¡Que a nadie se le olvide que el destino está en el tiempo y que éste nos pertenece, porque son los sueños de los rumbos viejos, de los paraísos nuevos que anidan en las manos de los hombres y mujeres libres!
A MIS COMPAÑERAS, mi hermana, hija, compañera, madre, a ti mujer quien ha sostenido la mitad del universo. Que tu voz se vuelve trino y relámpago de lluvia, que rompe mi semilla en amor por ti y en auroras tibias un beso te regala el sol. Mi amanecer ya no es incierto, pues lo iluminas tú con tu rostro y tu sonrisa que se vuelven estrellas en mi corazón. Tus manos alivian mi dolor y construyen la esperanza de futuros nuevos.
Y en tu mirada nacen primaveras que deshielan mi amargura y en su cauce forma ríos para saciar la sed de nuestros hermanos, de nuestro trigo. Pan y miel es tu mirada como surco y agua son tu vientre, como el amor que te debo.
¡A ti mujer por siempre, que me das aliento para trascender mi hermana, hija, compañera, madre! A ti mujer, por los rumbos que me enseñas, en plegarias de silencios que se ahogan con lágrimas en tu pecho, en silencio, sin perder la fe.
A ti mujer, que rompes las noches con sollozos de tristezas por tu hermano, por tu compañero, por tu hijo, por el desaparecido, por el perseguido, por el masacrado, por el que está en prisión, ¡por tu pueblo!  Nada alcanzaría para mitigar tu pena, para aliviar tu dolor.
Decirte que te quiero no basta, simplemente no sirve de nada porque tan sólo son palabras. A ti mujer, hermana, hija, compañera, madre nada tengo que ofrecerte, porque nada encuentro equivalente a ti. ¡Porque tú representas todo!
¡Compañera, hermana, hija, madre! ¡Mujer!

onde nos ha tocado hacer trinchera, en la que sus muros, sus barrotes de acero, sus alambradas de cuchillas filosas y puntiagudas pretenden aniquilar nuestro espíritu que se mantiene de pie, que no se rinde, que jamás pedirá clemencia ni perdón a nadie; así le impongan lo indecible como castigo; pues a cada golpe nuestro corazón se vuelve acero y no se rompe ni se opaca, al contrario brilla más.


¡Que a nadie se le olvide que el destino está en el tiempo y que éste nos pertenece, porque son los sueños de los rumbos viejos, de los paraísos nuevos que anidan en las manos de los hombres y mujeres libres!


A MIS COMPAÑERAS, mi hermana, hija, compañera, madre, a ti mujer quien ha sostenido la mitad del universo. Q

ue tu voz se vuelve trino y relámpago de lluvia, que rompe mi semilla en amor por ti y en auroras tibias un beso te regala el sol. Mi amanecer ya no es incierto, pues lo iluminas tú con tu rostro y tu sonrisa que se vuelven estrellas en mi corazón. Tus manos alivian mi dolor y construyen la esperanza de futuros nuevos.


Y en tu mirada nacen primaveras que deshielan mi amargura y en su cauce forma ríos para saciar la sed de nuestros hermanos, de nuestro trigo. Pan y miel es tu mirada como surco y agua son tu vientre, como el amor que te debo.


¡A ti mujer por siempre, que me das aliento para trascender mi hermana, hija, compañera, madre! A ti mujer, por los rumbos que me enseñas, en plegarias de silencios que se ahogan con lágrimas en tu pecho, en silencio, sin perder la fe.


A ti mujer, que rompes las noches con sollozos de tristezas por tu hermano, por tu compañero, por tu hijo, por el desaparecido, por el perseguido, por el masacrado, por el que está en prisión, ¡por tu pueblo!  Nada alcanzaría para mitigar tu pena, para aliviar tu dolor.


Decirte que te quiero no basta, simplemente no sirve de nada porque tan sólo son palabras. A ti mujer, hermana, hija, compañera, madre nada tengo que ofrecerte, porque nada encuentro equivalente a ti. ¡Porque tú representas todo!


¡Compañera, hermana, hija, madre! ¡Mujer!


NACHO. CEFERESO No. 1 Altiplano antes “La Palma”

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